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9 de septiembre de 2010

Los peligros de la (mala) divulgación científica

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 La divulgación de la ciencia consiste en hacerla entender a personas sin una formación científica especialmente profunda, lo que habitualmente se llama “gente de a pie”. El trabajo del divulgador, por tanto, es el de hacer que algo complicado no lo parezca, y así de la sensación al curioso aprendiz de estar completamente satisfecho con la respuesta y de comprenderla. Es un trabajo difícil, puesto que nadie dijo que algo complicado se pueda explicar siempre en términos sencillos. Si se desea profundizar en una cuestión, también aumentará la dificultad de la explicación, o mejor dicho los conceptos previos necesarios para la comprensión. Se puede decir que para que algo complicado parezca sencillo hay un precio, el de sacrificar parte de la información que, para su entendimiento correcto, requeriría en el oyente una preparación mejor.

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Por ejemplo, cuando se nos dice que los átomos son como pequeños sistemas solares, con el núcleo en el centro y los electrones orbitando, resulta una buena explicación para entender la estructura de un átomo y sus componentes. Uno puede avanzar en nuestro mundo moderno con una satisfactoria sensación de saber en que consiste un átomo, y para el hombre de a pie mencionado antes me parece más que suficiente. Incluso para el estudiante más escéptico respecto a la existencia de los átomos y de su estructura, la explicación del experimento de Rutherford (1909) y su modelo de ‘núcleo pequeñito con electrones por los alrededores’ debería bastar para convencerle. El modelo del átomo se ha ido perfilando con el tiempo, y también complicando, haciendo necesarios los conocimientos de nuevas leyes y experimentos para entenderlo. ¿Quiero decir con esto que la idea de un átomo como un sistema solar es errónea?


No quiero que se me malinterprete, no se trata de una crítica enfocada hacia una divulgación poco rigurosa, sino al contrario, estoy muy de acuerdo con simplificarlo todo si así todo el mundo puede tener una idea aceptable de como es un átomo. Se puede decir que las explicaciones no son erróneas, sino incompletas, pero midiendo la relación entre la dificultad para entender los conceptos y la precisión de las explicaciones, es relativamente aceptable que se difundan como la pólvora entre los estudiantes noveles.


Es más acertado entender el átomo como un sistema planetario que como un conjunto de electrones flotando libremente en un entorno con carga positiva (modelo anterior de Thomson). Del mismo modo, es preferible la divulgación de un modelo del sistema solar en el que la Tierra orbite al Sol y gire sobre si misma que uno en el que la Tierra esté quieta en el centro del universo, aunque la primera idea sea incompleta. Un estudio más detallado del sistema solar nos revelaría la cantidad de movimientos que ejerce la Tierra, más de los comúnmente conocidos de rotación de un día y traslación de un año. ¿Puede una persona desenvolverse sólo conociendo esos dos movimientos? Por supuesto, pero ¡no con menos de esos! Es preferible la divulgación de una Tierra esférica que la de una plana, aunque si matizáramos deberíamos decir que está un poco achatada en los polos… y así sucede con innumerables conceptos que se divulgan en ciencia, en los que como he dicho antes, se sacrifica parte de la información a favor de la sencillez.


Hasta aquí, parece que si un buen divulgador hace bien su trabajo (que explique conceptos complicados de forma sencilla y rigurosa), no debemos preocuparnos de que el hombre y la mujer corrientes se encuentren “perdidos” en un estilo de vida que depende profundamente de la ciencia. En cambio, en este idílico panorama de ‘ciencia para todos’ pueden surgir 2 problemas:

1. Que existan pocos divulgadores o fuentes de ciencia capacitados para cumplir con los requisitos mencionados antes.Y no sería sorprendente, ya que el trabajo no es sencillo, como he comentado. Es un problema que no se logre transmitir la idea de que las explicaciones sencillas son también incompletas. Es un problema porque, aunque la explicación sea simple, no por ello lo es también la realidad que representa. Cualquiera puede aprenderse de memoria aquello de Somos energía, de Einstein, sin estar explicando nada con ello. O pueden aprenderse de memoria lo de que venimos del mono, malinterpretando horriblemente la teoría de la evolución de Darwin. Estos son dos ejemplos de cómo existen unos límites a la hora de simplificar la explicación, o de situar ese ‘punto’ de conocimientos mínimos explicado antes. De acuerdo que la información ha de ser sencilla y entendible, pero también rigurosa
Esta mala divulgación puede generar (que de hecho lo hace, porque lo encuentro frecuentemente en la red) un conocimiento distorsionado de la ciencia que a su vez genera pseudociencias o paranoias conspiranoicas armadas de conceptos como ‘energías’, ‘magnetismos’, ‘frecuencias’ y ‘ciencias oficiales que quieren dominar el mundo’. No es fácil encontrar, por desgracia, muchos Carl Sagan’s o Stephen Jay Gould’s que realmente lleven la ciencia a cualquier parte de la forma correcta. 

2. Que no exista interés en la ciencia por parte de la gente corriente. Me gustaría pensar que es falso, y que en realidad a todos nos gusta la ciencia. De hecho, de pequeño siempre di por sentado que la ciencia le gustaba a todo el mundo y no me imaginaba por que a alguien no le encantaría saber más sobre la naturaleza en la que vivimos. Pero ahora debo reconocer que la ciencia aburre, y en algunos casos asusta. Existe desconfianza de lo que los científicos puedan estar haciendo. Cuando se puso en marcha el LHC, no dejaba de sorprenderme que mucha gente realmente temiera por si iba a pasar algo malo. Una forma "optimista" de ver la falta de interés que suscita la ciencia es que la provoca el primer punto: la falta de buenas fuentes de divulgación. Internet es muy útil y hay mucha información, pero eso es un inconveniente cuando el que la lee no sabe separar los bueno de la basura, y en internet hay muchísima basura.


Resumiendo, no veo un problema en el hecho de que la divulgación sea con conceptos incompletos, siempre y cuando haga una especial mención quien divulga la ciencia y así lo sepa quien la aprende. Aunque la idea de enseñar realidades ‘a medias’ parezca mala divulgación, como he dicho antes es correcto si se es riguroso y se enseña al estudiante en que punto de la explicación se encuentra. Otra cuestión es que es tanto o más importante la divulgación de conocimientos científicos como de lo que es la propia ciencia. Eso ayudaría a diferenciar lo que es ciencia de lo que lo parece.


Y por último, existe un mínimo de conocimiento en ciencia que realmente puede aprender cualquiera, y el trabajo del buen divulgador es encontrar ese punto en el que se enseña una realidad imperfecta o incompleta, pero comprensible para la mayoría y aceptable para desenvolverse en nuestro mundo moderno y tecnológico



Referencias:
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2 de septiembre de 2010

‘Presencias extrañas’ en Espejo Público

Hace unos días se estrenó en Telecinco un programa en el que algunos invitados contactaban mediante una médium con sus seres queridos fallecidos, Más allá de la vida. Estos temas deben tener éxito en la audiencia, puesto que Telecinco no es el único que se apunta al carro de lo paranormal. No hace falta decir que Cuatro dedica un programa propio a estos temas (Cuarto Milenio), y ya ni hablemos de los canales de TDT con tarot las 24 horas. Además periódicamente van saliendo temas aquí y allá en varios programas de otras cadenas. Uno de esos programas es Espejo Público de Antena 3, y dio la casualidad de que lo veía mientras dedicaban un espacio a lo paranormal. Habían invitado a varias personas que, habiendo perdido a seres queridos, decían haber tenido “experiencias extrañas” que demostrarían que esos familiares aún siguen ‘por ahí’ en algún sitio.


Lo primero que me inspiró el primer invitado fue lástima. No soy psicólogo, pero me sorprendería mucho que un especialista no reconociera en las descripciones que hacía ese señor de sus “percepciones” un síntoma de trastorno, totalmente lógico, por haber perdido a alguien y echarle de menos. Otro de los invitados vendría a ser como la especialista: una tarotista/médium. Me llamó mucho la atención su postura ante las declaraciones de los invitados. Constaban de dos partes diferentes: en la primera, con la que estoy de acuerdo, aconsejaba superar la pérdida, como aconsejaría cualquier psicólogo o un buen amigo, y una segunda que no comparto tanto en la que envolvía ese consejo con ‘energías’ y más allá’ y ‘evoluciones de los espíritus’ en el otro mundo. ¿Es que lo primero no es suficiente? ¿Qué necesidad hay de plantearse todas esas teorías espirituales si queda bien explicado y solucionado con la psicología? El resto de invitados eran dos chicos jóvenes, que decían haber tenido experiencias en las que notaban o veían algo que no sabían explicar. Uno de ellos decía ver una mancha en la periferia de su visión. La primera palabra que me vino a la mente fue: oftalmólogo. Pero por lo visto la explicación es más ‘sencilla’ que un problema ocular. Según la tarotista el chico tenía ‘capacidades’ (entiendo que en lo espiritual) que podría potenciar si quisiera.

Mi madre, que veía el programa conmigo, se sorprendía de que chicos jóvenes también hubieran dicho tener ese tipo de experiencias. Yo le decía que esas experiencias las puede vivir cualquiera, pero que no prueban nada más allá del hecho de haberlas vivido. La mente puede ser muy traicionera. Pero lo más perjudicial de todo, en mi opinión, no es que las personas crean que sus experiencias son pruebas de algo trascendental o espiritual. Lo peor es cuando, como seres inteligentes que son, intentan justificar racionalmente lo que pasa utilizando para ello cosas que podrían ser ciertas (o eso creen), pero sobre todo que les gustarían que lo fuera. Es entonces cuando una persona puede mezclar la realidad con sus deseos, más que razonables, de que sus seres queridos aún sigan vivos. Y esto lo veo perjudicial porque se pierde la objetividad necesaria para distinguir lo que se puede decir que es cierto, y lo que nos gustaría que fuese cierto. Eso hizo el chico del programa, alegando pruebas del tipo “la energía ni se crea ni se destruye, por lo tanto el alma (que es un hecho para un sorprendente número de personas), entendida como energía, debe acabar en algún sitio en lugar de destruirse” o “Los científicos han demostrado la existencia de muchas más dimensiones de las que vemos y por lo tanto alguna de ellas podría albergar ese otro mundo”. Eso es lo que puede hacer una persona inteligente que pierde a alguien, justificar racionalmente sus experiencias en favor de sus deseos. La existencia del alma o de otras dimensiones pueden usarse como excusa para esa justificación. Puede que este chico vea otros tipos de creencias como absurdas, pero en cambio esas dos dejan a un lado su capacidad crítica para que quepan sus necesidades de creer que un familiar no ha desaparecido.
  
En el propio programa se indicaba una dirección de una página en Facebook en la que los internautas podían dar su opinión sobre el tema. Entré y vi que mucha gente vive ese tipo de experiencias. ¿Pueden tantas personas estar mintiendo respecto a las cosas que sintieron? No lo creo. Como dije antes, no niego la experiencia, si no la justificación equivocada que se hace tras la misma. Oír algo que no sabes que es no lo convierte en la comunicación con un difunto. Creer ver una sombra o sentir una presencia desconocida tampoco las convierte en pruebas del más allá. Pero no hay nada que evite que esas personas se dejen llevar por sus deseos de creer, que son más fuertes y reconfortantes que aceptar una realidad desagradable. Entre los mensajes de la página mencionada antes, hay algunos que tratan el tema con escepticismo, pero muchos otros aportan sus experiencias personales y argumentos de apoyo a los invitados. Me ha parecido interesante comentar los más recurrentes:
  • Muchas experiencias se producen cuando la persona está despertándose o a punto de dormirse. Es un mal momento para el cerebro, porque se puede “soñar despierto” y creer que han sucedido cosas que en realidad se han soñado. He aquí algunos ejemplos, sin  el nombre para respetar el anonimato.
“Yo hace un par de años note la presencia de mi abuela....estaba durmiendo. Me veía en medio de un bosque de repente alguien empezó a decirme que no tenga miedo pero hay alguien quien quiere saludarme. Intente tranquilizarme toda la conversación fluía mentalmente....yo le decía que no no tendré miedo. Pero al momento que sabia que era una familiar mía, muerta, me asuste tanto que poco a poco empecé a despertarme. Al pocos segundo de abrir mis ojos solo vi a mi lado una sombra blanca, alejándose por la ventana.” 
“[…] la otra noche no recuerdo el día era madrugada y yo estaba profundamente durmiendo cuando me despierto que sentí una cosa rara en la pierna izquierda como una sensación como si alguien me cogiese la pierna.”
  • Otros comentarios hacen alusión al respeto a las creencias. Este es un tema delicado, porque todas las personas merecen ser respetadas, pero no todas las ideas son siempre igual de buenas, las crea quien las crea, y por lo tanto tampoco son igualmente respetables. Cada cual puede creer lo que quiera, pero eso no convierte automáticamente cualquier creencia en correcta. Para saber que la creencia en la vida después de la muerte es respetable se necesita algo más que las sensaciones de personas habitualmente relacionadas con el difunto. Se necesita algo más que la idea popular de que todos tenemos alma. Se necesita algo más que basar los argumentos en la ignorancia. La falta de pruebas a favor o en contra de algo no prueba nada. Los argumentos como ‘no se que fue aquello’, o ‘no se quien movió eso de sitio’, por tanto, no son pruebas de que exista nada sobrenatural, ya que se basan en la propia falta de pruebas. No saber algo, por falta de pruebas, no constituye la prueba de otra cosa que lo explique.

En resumen, no creo que las experiencias no sean sinceras. Éstas existen pero no justifican razonablemente todo lo demás (espíritus, fantasmas,…).Tampoco creo, como también leí en algún comentario, que haya personas con un don especial que les permita comunicarse con los muertos. Todos somos, en principio, susceptibles a esas experiencias. Se puede decir que todos tenemos sensaciones y vivimos experiencias que no podemos explicar, pero no todos aludimos a lo sobrenatural con tanta facilidad como otros. Si oigo ruidos extraños en casa quizás los ignore simplemente, o piense que es cualquier cosa como el perro del vecino o lo que sea, pero no me vendrá a la cabeza ningún pariente fallecido. Cada cual, por supuesto, puede hacer las interpretaciones de lo que desconoce de la forma que más le satisfaga.

21 de agosto de 2010

La irónica necesidad escéptica de los videntes

  Las personas con habilidades especiales, llamémosles poderes psíquicos, mentales, adivinatorios, curativos, etc., tienen un problema. Existen farsantes entre ellos, les han salido competencias desleales y timadoras, personas que se hacen pasar por auténticos tarotistas o videntes, por auténticos quiroprácticos u homeópatas, por auténticos astrólogos o curanderos, engañando a la gente y aprovechándose de las verdaderas virtudes y prestigio de los reales. La crisis también afecta al mundo del esoterismo, haciendo que estos timadores aparezcan.


  ¿Qué pueden hacer todas las personas que trabajan en estos temas, para conservar su buen nombre y que no les tachen también de timadores? La respuesta es: nada. No pueden hacer nada, porque no hay forma alguna de diferenciarlos. Admitir que existen personas con poderes reales y otras con falsos poderes es como cavarse su propia tumba. Es así porque, después de admitirlo, inmediatamente la lógica nos empuja a pensar en un método para distinguirlos. Pero, desde el punto de vista del auténtico vidente (o curandero, etc.) ¿es conveniente encontrar ese método?

  Pensar en la forma de distinguir auténticos poderes de falsos poderes obliga a quien se lo plantee (sea practicantes de técnicas esotéricas o no) a aplicar el pensamiento crítico y a afrontar el tema con escepticismo desde el comienzo (es decir, suponer que no existen e intentar encontrar pruebas a favor). Me parecería muy irónico que apareciera un movimiento entre los ‘auténticos’ videntes para desenmascarar a los falsos. Eso no pasará nunca, ya que entonces utilizarían los mismos métodos que servirían para desenmascararlos a ellos. Básicamente, es meterse en un berenjenal: o admiten que cualquiera que tire las cartas es un auténtico tarotista (algo que no admitirían nunca, porque sería la ruina) o se arriesgan a aplicar los mismos métodos científicos propios de los que tenemos la ‘mente cerrada’ para distinguir lo que funciona de lo que no, con el peligro evidente de que no quede ni un solo adivino en pie. Se mire como se mire salen perdiendo. 

29 de julio de 2010

La inútil cualidad humana de perpetuar estupideces


  Como dice ese anuncio de una marca de bebidas, de la que no quiero recordar el nombre: “el ser humano es un animal extraordinario”. No sólo lo es, sino además él mismo lo reconoce y se enorgullece de sus capacidades. Como especie, ha sido capaz de llegar más allá que cualquier otra, no limitándose su vida a una serie de fines puramente animales (comida, reproducción, crianza,…) sino alcanzando objetivos más elaborados, colaborando entre los individuos de la especie, utilizando herramientas, y mejorando el conocimiento del entorno y con ello también dichas herramientas. Pero unos pocos miles de años de drástico cambio en el entorno y en los hábitos no son suficientes para quitarse de encima millones de años de evolución.Me parece importante mencionar en este punto que no me baso en ningún estudio en particular para muchas conclusiones que escribiré a continuación (cuando es así enlazo la referencia). Lo que escribo a partir de ahora son unas deducciones basadas la mayoría en mis propias observaciones. Por lo tanto que nadie lo tome como un hecho, ni como ciencia, ya que es puramente especulativo. No soy antropólogo ni pretendo hacerme pasar por uno.

Las adaptaciones de una especie a su entorno no son perfectas, aunque lo parezcan simple vista. Ciertas adaptaciones pueden volverse innecesarias con el tiempo (la muela del juicio, el dedo meñique del pie…) o incluso contraproducentes en algún aspecto (partos dolorosos en las hembras a causa de un aumento del tamaño del cráneo, problemas de columna derivados de caminar erguidos en individuos adultos…). Algunos de estos cambios empezaron antes que otros, pero en general puede decirse que se produjeron hace mucho más que unos poco miles de años. Por otro lado, los cambios en los últimos 5.000 años han sido bastante radicales. Éstos últimos tienen efectos curiosos en la especie, no tanto morfológicos sino más bien de comportamiento, como por ejemplo el de sentir empatía o comportarnos altruistamente con individuos que no son estrictamente de nuestro entorno más cercano, sino desconocidos o sin parentesco alguno(1). Otro efecto es el que da motivo a esta entrada. Se trata de la transmisión indiscriminada de hábitos, ritos o tradiciones.


  Cuando hablo de transmisión de hábitos, ritos o tradiciones me estoy refiriendo básicamente a la transmisión cultural. La forma de transmitir la cultura me recuerda a lo comentado anteriormente sobre adaptaciones a un medio que pueden volverse contraproducentes. Y en eso también influye el hecho de que nuestro entorno haya cambiado muy rápidamente en poco tiempo. Existe una forma de transmitir conocimientos de generación en generación que hemos heredado de nuestros antepasados prehistóricos. La forma más eficiente de, por ejemplo, enseñar a un joven a hacer fuego, no es que descubra por si mismo las infinitas formas que podrían crearlo y deducir cuál es la mejor. La forma más eficiente es la de imitar fielmente paso por paso el proceso de crear fuego observando a un adulto hacerlo. Obviamente, nunca podría haber evolucionado el proceso si no fuese por los individuos que introducen pequeños cambios. La evolución cultural se parece en cierta forma a la biológica, pero transcurre más rápidamente que ésta (los individuos pueden dirigir la evolución conscientemente con algún objetivo, esto en la biológica no pasa). Esa eficiencia supone una ventaja, ya que resulta más económico en tiempo y esfuerzo imitar que descubrir. Pero también supone un inconveniente, ya que en la imitación se pueden colar memes (el análogo cultural de los genes) que no sirvan para nada (2)* o incluso que resulten perjudiciales. La cualidad humana a la que me refiero en el título es precisamente la que deja pasar tanto la herencia cultural útil como la inútil. El método de aprendizaje por imitación es bueno, pero tiene ese inconveniente que hace que se transmita el “paquete” cultural completo, con mucha “basura” inservible de por medio en muchos casos. He aquí algunos ejemplos:
  • Ritos religiosos: Con ‘religiosos’ me refiero tanto a religión como a pensamiento supersticioso en general. Los humanos de la prehistoria podían transmitir sus conocimientos de como curar una herida con una cierta planta, pero también pasaban generación tras generación los cánticos, ritos, ofrendas y alabanzas a los espíritus para conseguir que la cura fuese efectiva. Evidentemente no tenían criterio para separar la parte del meme que cura (puede que un solo componente de todos de los que dispone la planta) de la que no cura nada (los ritos, las pinturas en la cara para ahuyentar malos espíritus, el resto de componentes del remedio que no son activos para la cura…). Los antiguos egipcios, por ejemplo, no solo aprendieron a cultivar, conservar, a cocinar sus alimentos y a trasmitir ese conocimiento, sino también celebraban ritos especialmente dedicados a la crecida del Nilo, de la que tanto dependían para sobrevivir (3). Esos ritos entraban dentro del “paquete” cultural de lo que había que hacer para tener comida, junto con los conocimientos sobre cultivo. Ese comportamiento es supersticioso, ya que los ritos no ayudaban de forma racional a que la crecida fuese buena, pero los egipcios no se arriesgaban a no celebrarlos cuando estaba en juego algo tan importante como la cosecha de todo una año. 
  • Protociencias, que sobreviven actualmente como pseudociencias: Cuando no se obtiene una perspectiva correcta del funcionamiento de la naturaleza, se pueden formar disciplinas que pretenden ser una ciencia, pero están equivocadas. Esos errores son razonablemente admisibles si los individuos de la época son incapaces de reconocer los fallos por falta de conocimiento, de manera que las disciplinas constituyen una protociencia. La alquimia es una protociencia que degeneró en la química a medida que se fue avanzando en el conocimiento de las sustancias que hay en la Tierra. La astrología podría considerarse una protociencia muy antigua que se vio superada por una ciencia real como la astronomía. La medicina tradicional de oriente, la que habla de energías y equilibrios, es comprensible cuando no se sabía ni lo que era el sistema nervioso, pero actualmente existe una medicina resultado de la ciencia que conoce bastante bien como funcionamos por dentro. Actualmente continúa existiendo la astrología y continúan vendiéndose remedios ancestrales de oriente por la cualidad humana ya mencionada de perpetuar acríticamente todo el meme con la basura y las estupideces que haya dentro. La antigüedad de un conocimiento es un factor que está sobrevalorado. Se pueden transmitir ideas erróneas durante generaciones solo por ese motivo.

  Algunos ejemplos más de estupideces heredadas culturalmente, a un nivel no tan general sino más local, y con un contenido 100% inútil:
  • El tabaco: ¿Puede alguien imaginarse una transmisión cultural más absurda e inútil que la del tabaco? Además entra dentro de mi definición de estupidez, puesto que para colmo es perjudicial para la salud. Como siempre, la bola de nieve se ha hecho demasiado grande y ahora existen empresas y familias enteras que dependen económicamente de que la gente se aficione a quemar alquitrán con algo de tabaco y aspirar el humo de la combustión resultante.
  • Los toros: Sobre los toros ya escribí en una entrada anterior, pero me gustaría añadir un par de cosas. Una es que, como en el tabaco, la bola se ha hecho muy grande, y ahora mucha gente depende económicamente de esta tradición. La otra es que es una tradición que va más allá de la fiesta. Hay un factor que influye en la propagación de la cultura del toreo: la pasión. Las personas amantes de las corridas de toros (que no de los toros, porque si fuese así no les gustaría que los mataran) realmente dicen sentir ‘algo’ especial. Y lo resumen de esa forma, como un sentimiento. No pongo en duda la existencia de esos sentimientos, y creo que son verdaderos, pasionales y profundos. Pero es que las personas podemos llegar a sentir pasión por multitud de cosas, por absurdas que sean. Sucede en un campo de fútbol, sucede en un concierto, sucede en una procesión de semana santa…, y sucede en una plaza de toros. Eso no justifica que se sigan produciendo, aunque siempre que no sean perjudiciales en algún sentido no habría objeción. En los toros es evidente que si hay perjudicados: el toro, y ocasionalmente algún torero que otro. 

  ¿Existe alguna forma de separar lo que resulta útil de la basura? Sí, la hay. Consiste en ser críticos con la cultura en la que hemos aparecido en este mundo, sin aceptarla solo por ser tradicional. Resulta difícil quitarse de encima millones de años de evolución en los que ha resultado tan útil la perpetuación indiscriminada de memes, sean como sean éstos. Pero tenemos la capacidad de desprendernos de esa herencia que nos hace aceptar lo que está establecido culturalmente y propagarlo sin más, y preguntarnos si realmente queremos vivir en un sitio donde las supersticiones sean aprendidas culturalmente o nuestra cultura sea la de personas orgullosas de que su fiesta nacional consista en matar a un animal en una plaza. Recientemente se han prohibido los toros en Cataluña. Es una prueba de que, si la mayoría así quiere, se puede cambiar una cultura heredada llena de irracionalidad y estupideces.


(*) En el enlace (2) puede verse como la niña golpea la caja antes de abrirla, algo que es absurdo, pero que entra dentro del “paquete” cultural de como se abre la caja, y de lo que no prescinde a pesar de no servir para nada. 


Referencias:
  1.  El Genio de Darwin - El quinto primate 1, El Genio de Darwin - El quinto primate 2
  2. http://www.somosprimates.com/2010/05/no-me-mires-que-te-imito/
  3. http://es.wikipedia.org/wiki/Nilo#Antiguo_Egipto
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